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"Aproveitemos o tempo para santificação nossa e dos nossos parentes e amigos. Solicitam orações, que estaremos rezando juntos, em união de orações aos Sagrados Corações."

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CORONA LLAMADA DE LOS “CIEN REQUIEM” EN SUFRAGIO DE LAS ALMAS DEL PURGATORIO

Esta saludable práctica consiste en diez Padrenuestros y cien Réquiem. Para esto, cada cual puede servirse del Rosario común o de cinco decenas, recorriéndole dos veces, con lo que se forma el centenar.

Después de la señal de la Cruz(1), se empieza con esta deprecación:

(2)“Animas santas, almas que estáis purgando, rogad a Dios por mí, que yo suplicaré por vosotras a fin de que, cuanto antes, se os conceda la gloria del Paraíso celestial”.

En seguida, se dice un Padrenuestro(3), Avemaría(4), Gloria Patri(5) y luego diez veces:

(6)“Requiem aeternam dona eis, Domine, et lux perpetua luceat eis”.

Finada la primera decena, se repite Padrenuestro y se dice la segunda, y así sucesivamente hasta que se completan los diez Padrenuestros y cien Réquiem, añadiendo al último el salmo De Profundis clamavi, con otro Réquiem al final.  



* * *


Seguidamente será muy útil añadir en sufragio de las propias almas las siguientes oraciones o jaculatorias, en memoria de los siete principales derramamientos de la sangre preciosa de Nuestro Señor Jesucristo:

1º. ¡Oh dulcísimo Jesús!
Por el sudor de sangre que padecisteis en el huerto de Getsemaní, tened piedad de las almas benditas del Purgatorio, y especialmente del alma de N.N., y de la que se halle más olvidada. Réquiem, etc.

2º. ¡Oh dulcísimo Jesús!
Por los dolores que sufristeis en vuestra cruelísima flagelación, tened piedad de las almas benditas del Purgatorio, y especialmente del alma de N.N., y de la que se encuentre más olvidada. Réquiem, etc.

3º. ¡Oh dulcísimo Jesús!
Por los dolores que padecisteis en vuestra agudísima coronación de espinas, tened piedad de las almas benditas del Purgatorio, y especialmente del alma de N.N., y de la que esté más abandonada. Réquiem, etc.

4º. ¡Oh dulcísimo Jesús!
Por los dolores que experimentasteis al llevar la Cruz a cuestas, tened piedad de las almas benditas del Purgatorio, y especialmente del alma de N.N.,  y de la que sea tenida en mayor olvido. Réquiem, etc.

5º. ¡Oh dulcísimo Jesús!
Por los dolores que aguantasteis en vuestra crucifixión tan cruel, tened piedad de las almas benditas del Purgatorio, y especialmente del alma de N.N., y de la que se halle más olvidada. Réquiem, etc.

6º. ¡Oh dulcísimo Jesús!
Por los dolores que hubisteis de padecer en la agonía que pasasteis sobre la Cruz, tened piedad de las almas benditas del Purgatorio, y especialmente del alma de N.N., y de la que se encuentre menos socorrida. Réquiem, etc.

7º. ¡Oh dulcísimo Jesús!
Por aquel dolor inmenso que sufrió vuestra alma santísima cuando expiró sobre la Cruz, tened piedad de las almas benditas del Purgatorio, y especialmente del alma de N.N., y de la que obtenga menos sufragios. Réquiem, etc.

Por último, podrá terminarse tan propio como provechoso ejercicio recitando la siguiente oración en sufragio de las Almas de los Cofrades de nuestra Señora del Carmen:

Os ofrezco ¡Oh piadosísimo Jesús! En beneficio de las almas de los hermanos y de las hermanas de la Cofradía de la bienaventurada Virgen del Carmen, todos y cada uno de los sufrimientos de vuestra dolorosísima Pasión, vuestra muerte oprobiosa en cruz y la preciosa Sangre que derramasteis para nuestra Redención. Y Vos ¡Oh Santísima Virgen! Que con tantos favores las distinguisteis en la tierra y las aceptasteis en vuestra hermandad, sedles ahora propicia, acordándoos de la promesa que tenéis hecha a cuantas hubiesen llevado devotamente el Sagrado escapulario, que Vos misma les bajasteis del Cielo.

Libradlas de aquella cárcel de tormentos y conducidlas a la Gloria, en donde puedan cantar eternamente las divinas misericordias. Amén.

Un Padrenuestro, Ave maría y Gloria, Réquiem, De profundis.

V. De la puerta del infierno.
R. Líbralas, oh Señor!
V. Descansen en paz.
R. Así sea.
V. Señor, oye mi oración.
R. Y mi clamor llegue a Tí.

Oración.

¡Oh Dios, que concedéis el perdón de los pecados y queréis la salvación de los hombres! Imploramos Vuestra clemencia, para que, por la intercesión de la bienaventurada siempre Virgen María, y por la de todos los Santos, hagáis que lleguen a participar de la eterna bienaventuranza todos nuestros hermanos, parientes y bienhechores difuntos que han pasado de esta vida a la otra. Por nuestro Señor Jesucristo, Vuestro Hijo. Amén.

V. Señor, dales eterno descanso.
R. Y luzca para ellas la luz perpetua.
V. Descansen en paz.  
R. Así sea.

  




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